
Chaquetas rojas llevan los delivery de Telepizza. Por lo menos te llevan pizza, aunque mala, te la cobran barata. Este te lleva reconstrucción, te lleva a la señora que pierde la dignidad bajando escaleras mientras el perla no alcanza a tomarle ni el brazo y te cobra caro, que es lo mejor que sabe hacer.
Chaquetas rojas llevan los futbolista de la “roja” , ni modo que llevaran azules.
Chaquetas rojas de parka con el escudo de Chile, el escudo de Chile y la parka, el escudo antiguo clásico leal y noble dibujo, huemul y cóndor quieren salir de esa tela “inteligente” que no deja pasar el viento y que muere de vergüenza por sostenerlos con tan poca elegancia. Sin criterio esencial para hacer un pastiche entre la política y la utilidad, lejos de la dignidad.
Los socialistas deberían demandarlos por propiedad del color, aunque se aleja del rojo amaranto. El rojo de plástico brillante, de neón de Mc donald, de Burger King o de Burger In. No es del rojo de puticlub, el de puticlub tiene sangre, tiene cuerpo, tiene olor y humanidad. El rojo chaqueta gubernamental tiñe de rojo del malo, no del come guagua, del rojo vende guagua, transa guagua. El rojo que se parece más a la frialdad del azul, rojo liviano y vendedor. Rojo marketing; compra compra, vende vende.
Disfraz de rojo social, guarda el podrido olor de la piel sudorosa en contacto con la moneda metálica y el papel moneda, esconde la deformación nata de la bestia y oculta el tic nervioso de la mentira. Protege de la sociabilización, impermeable, intraspasable, quizás antibalas.
Rojo impotente de ser de la peor raza, no es rojo quiltro, no es magenta, no es ni cyan ni amarillo. Es rojo de negro ausencia de luz, rojo; falso brillo de oscuridad.




Claro. Impermeable. No lo había visto así. Claro, intraspasable, antibalas, anticuerpo, antihongos, lavable. Es que con tanto roto que hay que saludar y abrazar, hay que usar algo ad-hoc. Una tía que trabajó en el Ministerio de Obras Públicas creo, en el gobierno de Allende, dice que Salvador después de saludar a tanta vieja en la calle, se iba a duchar rajao, porque según él quedaba pasao a roto. Lo decía. Cuesta creerle, pero es una tía y por qué mentiría. Y al Chicho no tuve el placer de conocerlo. Igual, lo socialista no quita lo divine (estamos en un espacio superficial), no quita lo asquiento. Piñera seguramente no se baña, se pone una chaqueta nueva no más.